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¿Te imaginabas un 2021 de la manera que ha empezado?
Una vez más la vida nos ha sorprendido: una pandemia mundial, Filomena, otra ola COVID… en definitiva, una incertidumbre constante. Nuevas emociones, sentimientos desconocidos, y, sobre todo, más tiempo con uno mismo, que al vernos obligados a permanecer en casa nos ha hecho encontrarnos y descubrir cosas que antes ignorábamos.
Cuando acabó el confinamiento, saltaron las alarmas sobre la cantidad de secuelas psicológicas que dejaría el COVID en cada persona tras haber vivido momentos complejos, como han sido los duelos de seres queridos, la ansiedad por no poder controlar la situación, tensión por haber pasado tanto tiempo con unas personas o por no haber podido ver a otras, estrés por los continuos cambios, y un sinfín de situaciones. Sin embargo, pronto llegó el verano y su calor derritió lo que habíamos pasado haciéndonos olvidar y desconectando de nuevo: los reencuentros, las vacaciones, los cafés pendientes…

Y en septiembre, llegó de nuevo la rutina y los nuevos propósitos. Las consultas empezaron a recibir llamadas y con ello nuevas vidas. Pero… ¿Por qué siempre tardamos tanto en pedir ayuda? ¿Cómo reconocemos que hemos tocado fondo?

Han sido situaciones distintas siendo el confinamiento más abrumador y las vacaciones más dichosas, pero ambas tienen algo en común: nos han hecho sumergirnos en nosotros mismos. El hecho de pasar tiempo con nuestra conciencia ha hecho que aparezcan nuevos conflictos internos, y es en esa vuelta a la rutina cuando las personas descubrimos que no está de más pedir ayuda, y a veces no podemos solos porque cuando se vuelve de las vacaciones, vuelve el conflicto.
Como dijo Viktor Frankl, la vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias sino solo por falta de significado y propósito; y, cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

¿Cómo puedes saber que necesitas ayuda psicológica?

Cuando el malestar invada tu día a día interfiriendo en tu vida laboral/social/personal, cuando atravieses una crisis personal y te sientas vulnerable, cuando tus pensamientos te limiten, cuando tus relaciones no vayan bien, cuando has vivido una situación traumática, cuando has intentado solucionarlo tú solo o con consejos de tu entorno y vuelve a aparecer… en definitiva, cuando la vida te de algo y sientas que no tienes recursos para afrontarlo antes de verte desbordado.

Para llegar a la paz con uno mismo hay que pasar un desierto de aceptación y no es tanto una cuestión de tiempo, sino el cómo lo empleamos. ¿Cansado? ¿Tienes la sensación de no poder más? ¿Has probado a solucionar el problema y a la larga sigue apareciendo?
Para poder hacer las cosas bien y ser feliz, hay que empezar por estar bien con uno mismo. Por eso empezábamos diciendo lo importante que es “saber ser antes que saber hacer”.
Y tú, ahora… ¿vas a esperar a que lleguen las vacaciones para que de nuevo se derrita la punta del iceberg y luego resurja en la rutina, o te atreves a adentrarte ya de lleno en él para que desaparezca y encontrar el significado de tu vida?

Alba María Manzanero Oliver