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Vamos a reconocer que han sido unos meses difíciles… una pandemia mundial, una cuarentena, una desescalada y un largo etcétera que por desgracia no ha terminado aún. Por si fuera poco ahora ¡UNA SEGUNDA OLA! Parece que el destino se ríe de nosotros…

Con todo ello ahora tenemos que llevar mascarilla, no se tú pero yo me tomo la temperatura ¡cada dos por tres! Al pasar a una tienda, al ir a un restaurante, en el cine, ¡en todas partes! Total, que jamás pensé que una simple cifra dijera tanto.

Esto me lleva a replantearme una cosa: he cambiado mi rutina radicalmente y todo ello de una manera bastante repentina, todo me parece bastante impredecible. No me lo esperaba. Ahora me siento extraña, creo que no se muy bien que va a ser de mi el día de mañana y no puedo evitar encontrarme un tanto… inquieta. ¿Quién iba decirme a mi hace un año que iba a estar así? Absolutamente nadie.

Creo que lo que siento se llama incertidumbre. O eso dicen. Realmente yo nunca lo había sentido, al menos tan intensamente. Me he informado bastante y os puedo decir que la incertidumbre es un sentimiento que nos hace pensar constantemente (como si tuviéramos un nudo en la garganta que no baja) en el futuro, y con ello, en lo que pasará o dejará de pasar. Nos crea una preocupación excesiva que se vuelve incontrolable. Yo noto que a veces no puedo controlarlo, me pongo nerviosa, estoy desconcentrada y no me deja pensar con claridad. Estoy realmente preocupada.

Me han dicho que es “normal”, en parte, por lo visto mucha gente acude al psicólogo por este motivo, además ahora con todo esto de la COVID19 ha aumentado considerablemente. Hay miedo, problemas de ansiedad, apatía… ¡Vaya! Necesitamos ayuda y es lógico.

Me preguntaba si la incertidumbre es siempre negativa o tiene algo de positivo. Cierto es que produce ansiedad y estrés, pero digo yo que algún aprendizaje podré hacer de todo esto que me está ocurriendo… ¿no? Parece ser que sí. Tiene un lado positivo y ¡os lo voy a decir! Resulta que indudablemente nos ayuda a estar mucho más atentos a nuestro entorno y así poder descubrir aspectos de otras personas o incluso, de nosotros mismos que quizás hubiéramos pasado por alto en otro momento.

¡Luego hay otra! Manejar todo lo que hemos vivido desde la más absoluta desinformación (sobre todo los primeros meses de pandemia) ha sido terrible, personalmente sentía una tremenda frustración que se traducía en ansiedad. ¿Sabéis qué es la ansiedad? Y ¿qué sentido tiene? Pues es un término que alude a una unión de diferentes síntomas físicos y mentales que no pueden dar significado a posibles peligros reales ya que se suelen manifestar como una posible crisis dando lugar a un sentimiento de absoluto pánico. ¿Asusta verdad?

Como toda emoción, es una regulación que se produce en nuestro cuerpo para poder adaptarse a una situación que, en el caso de la ansiedad, se da al percibir un estímulo como “peligroso” donde nuestro cuerpo tiene que actuar de una forma más… ¡activa! Al producirse esto, la ansiedad le está mandando una señal a nuestro cuerpo, una advertencia del tipo: “¡Piensa rápido y CORRE!”, es decir, se produce un aviso urgente de que algo no va bien. Es lógico si nos pasa, como he dicho, por la situación que nos está tocando vivir. Ahora bien, en tu mano está controlarlo. ¿Cómo? (Os preguntaréis)

1. EXTERIORIZA TUS MIEDOS. Ponle palabras o incluso escríbelos. Sácalos de ti.

2. RECONOCE/IDENTIFICA QUÉ TE PRODUCE ANSIEDAD. Puede que en este punto necesites ayuda de un profesional (en ocasiones no sabemos de dónde nos viene).

3. VIVE EL PRESENTE. Enfrenta poco a poco lo que te va llegando. No anticipes problemas que aún no sabes si van a llegar.

Autor: Eugenia Tovar Gómez
Estudiante de Psicología Universidad Francisco de Vitoria